La terapia cognitivo-conductual (TCC) es un modelo de intervención psicológica que descansa sobre multitud de estudios y trabajos científicos que avalan su eficacia. Estos estudios han contribuido igualmente a generar múltiples estrategias terapéuticas que dotan al profesional de una amplia gama de herramientas para hacer frente a las demandas de las personas que solicitan ayuda, así como potenciar la promoción y la prevención de la Salud.

La TCC entiende al ser humano como un ser activo en continuo aprendizaje e interacción con el entorno. Aprendiendo pautas de comportamiento desde edades muy tempranas y estableciendo formas de interpretar y entender la realidad. Todo este proceso de aprendizaje ocurre en un individuo que trae consigo un bagaje genético y unas experiencias personales únicas, por lo que no debería sorprendernos el hecho de que cada persona reaccione de manera distinta a las mismas situaciones.

El enfoque cognitivo-conductual se centra en cómo cada uno de nosotros ha adquirido las conductas, emociones y pensamientos, tanto los agradables y deseables como los perjudiciales o desagradables. La filosofía que subyace al modelo defiende que las emociones y las conductas que una persona experimenta están influidas en gran medida por su percepción de la realidad, y esta se ha ido constituyendo por los factores antes mencionados. En palabras de uno de sus fundadores:

 

Aaron Beck

No es lo que sucede lo que determina lo que una persona siente, sino la forma en que ella interpreta lo que le sucede.

El objetivo de la TCC y de los profesionales que la aplican es mejorar la vida de las personas que solicitan ayuda sin perder de vista que  es un concepto subjetivo que depende de las experiencias propias y necesidad de cada uno. Requiere de la participación activa de la persona en el proceso de cambio, tanto durante las sesiones como fuera de ellas, donde se pondrá en práctica las habilidades y recursos que vaya aprendiendo en terapia.

La terapia está orientada al presente y a la consecución de objetivos concretos, claros y alcanzables. Si en algún momento se analizan sucesos pasados será con la intención explícita de generar cambios presentes y sólo se abordarán si existe sospecha de que tienen repercusión actual. El trabajo que se haga conjuntamente tiene como finalidad repercutir en una mejora del bienestar y de la salud psicológica de la persona en su día a día.