Problemas cotidianos en la infancia (I): Ordeno…pero, ¿mando?

Cuando hablamos con los padres sobre los problemas que presentan sus hijos, las quejas principales suelen girar en torno al incumplimiento de las rutinas diarias. Lo que más suele preocuparles es la desobediencia que manifiestan y las conductas asociadas a la misma tales como las rabietas, conductas hostiles, conductas desafiantes, etc.

Diversos estudios advierten que la mitad de los escolares de primer curso de primaria incumplen las “órdenes” que reciben de sus padres. Parece que ya no funciona el “Ordeno y Mando” , quizás el problema radica en que, en ocasiones, los padres cometen errores en la forma y contenido de las órdenes que quieren que sus hij@s cumplan.

Diego Macià Antón, “clasifica” este tipo de errores de una forma muy adecuada:

Órdenes Inespecíficas o Confusas. Son aquellas que se dicen de forma vaga, sin precisar ni concretar el comportamiento que se espera del niñ@, como por ejemplo, “ya tienes edad para portarte como un adulto”, “así no se comporta la gente grande”. ¿No nos hemos parado a pensar que ser adulto es algo un poco inespecífico para un niño?,¿que podemos referirnos a muchas cosas en función de lo que digamos?.

– Órdenes Inatendidas. Son órdenes que se formulan sin asegurarse de que el mensaje es captado y entendido por el niño, como por ejemplo, cuando una madre, desde la cocina, le pide a su hijo que baje el volumen de la música que está escuchando a toda intensidad en su habitación. Un poco difícil de que el chico escuche esa orden, ¿no?

Órdenes Débiles. Aquellas ordenes que se dan en tono dubitativo, más parecido a un ruego y que parece que su cumplimiento es opcional, como por ejemplo, cuando la madre le dice a su hija: “a mamá le gustaría que le ayudaras a poner la mesa, ¿qué tal si me echas una mano?”. No sé, mamá no parece muy convincente…

Órdenes inviables. Son aquellas que plantean objetivos poco realistas por la dificultad que implica conseguirlos, por ejemplo, un niño que trae las notas donde le han suspendido 6 asignaturas y su padre muy enfadado le exige que la próxima evaluación apruebe todas las materias. Quizás sería mejor estudiar qué ha fallado y alcanzar objetivos pequeños poco a poco.

Órdenes de tipo “Metralleta”. Resultan difíciles de cumplir porque son frecuentes y repetitivas, en ocasiones excesivamente largas o secuencias ininterrumpidas de órdenes. Diversos estudios han comprobado que algunos padres pueden llegar a dar en torno a cien ordenes a la hora. ¿Nadie ha tenido nunca una madre, padre, abuelo, etc, tan pesadito?, si es así ¿qué solía ocurrir?

Órdenes desgastadas. Son las que invitan al niñ@ a prestar oídos sordos a lo que le piden, por ejemplo, “¿cuántas veces te tengo que decir que recojas los juguetes?”. El/La niñ@ puede pensar “¿qué tal mil veces?, venga vá, a la mil los recojo

Órdenes Autoritarias. Aquellas que se dan en un tono agresivo y en ocasiones la acompaña la instigación física, los malos modos, por ejemplo, el padre que empuja a su hija a la habitación amenazándola a gritos “no vas a salir de aquí hasta que todo esto no esté recogido”. Desde luego el miedo o la coacción no son buenos compañeros del cariño y las relaciones familiares.

Órdenes Injustas. Son aquellas que plantean objetivos que se exceden incluso a la misma autoridad paterna, las que no respetan la individualidad y elección personal del niño, por ejemplo, los padres que quieren imponer a los hijos una determinada carrera universitaria o aquellos que no quieren que salga con una pareja pero si con otra. ¿Has hecho siempre lo que tus padres querían?, ¿y lo que ordenaban de forma injusta?

Órdenes inconsistentes. Este tipo de suele ser de las más comunes, ocurren cuando las figuras de autoridad se contradicen entre ellas, o la misma persona se contradice en función del momento o del estado de ánimo en el que se encuentre. Por ejemplo, la madre que aprovecha la ausencia del marido para darle dinero al hijo que tenía un castigo previo. Esto no da sensación de “unidad” y favorece que el/la niñ@ se arrime al sol que más caliente.

Estos son algunos ejemplos de cómo “dar órdenes” de manera errónea puede traer consigo problemas de conducta en nuestros pequeños. Por tanto, las órdenes deben de ser claras, específicas y comprensibles, no deben de ser muchas y no se pueden contradecir.

Igualmente, en Psico·Salud abogamos por una educación emocional en positivo, una educación que requiere, en la mayoría de las ocasiones, de un cambio de actitud en los padres. Con demasiada frecuencia nos encontramos con padres cuya tendencia natural es no hacer caso o prestar mínima atención a sus hijos cuando hacen las cosas bien. Es común oír que cuando un niño estudia y saca buenas notas, es porque “así debe de ser” o porque “lo normal” es que cumpla con sus obligaciones. Desde nuestro punto de vista se debe prestar atención y conceder importancia al buen comportamiento que muestra el niño, tanto o más que a las cosas malas que hace. Recomendamos para ello la utilización de métodos positivos.

Recuerda que siempre es mejor y más pedagógico animar que amenazar, mejor decir con una sonrisa “termina las dos cucharadas de potaje que te quedan y saco las natillas que tanto te gustan” o “acaba de hacer el ejercicio que te mandó la maestra y puedes ver los dibujos “ que gritarles con cara de enfado “si no comes no hay postre” o “si no haces los deberes no hay tele”. De esta forma les enseñamos que trabajen por objetivos no por miedo.

Es preferible estimular que ridiculizar, por ejemplo si el niño se retrasa y se hace tarde para ir al colegio, en lugar de echarle en cara “eres un tardón que no sabe vestirse”, coméntale “¿sabes una cosa?, ayer una amiga me felicitó y me dijo: ¿qué mayor es Juan que se pone solo la ropita”, así el niño aprenderá y crecerá con una adecuada autoestima.

Por último, no hay que olvidar que ser positivo no significa ser permisivo. Debemos de ser capaces con nuestros hijos de compaginar el cariño y la comunicación clara con la exigencia firme de normas de comportamiento.

Sergio García Morilla. Psico·Salud

Centro de Asistencia Psicológica.

Sígueme en twitter

Sergio García Morilla

Sobre Sergio García Morilla

Psicólogo clínico en Tenerife, especializado en terapia cognitivo conductual y de tercera generación posee una amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamiento de trastornos psicológicos en adultos. Twitter: @sergiogarmor

Haz un comentario