La psicología de la Actuación (II): El placer de la actuación

Psicologia-actuacion-psicosalud-tenerifeEn la entrada anterior hablamos de cómo actores y actrices han cambiado con el paso del tiempo su actuación, evolucionando hacia la expresión más realista de sus emociones y estados internos. Hablamos también sobre las diferencias cognitivas y sociales entre actuar, simular y engañar y nos planteamos por último, si existe algún tipo de relación entre las habilidades para la actuación y la empatía, la teoría de la mente o cualquier otra habilidad cognitiva o emocional.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Los actores son más capaces de imaginar los estados mentales de los demás? ¿Son personas especialmente empáticas? Y, si esto es cierto, ¿la práctica de la actuación podría mejorar estas habilidades?

Recientes estudios han encontrado que un año de practica sistemática y entrenamiento en actuación es capaz de mejorar significativamente la empatía en niños y adolescentes, así como la capacidad de imaginar lo que otra persona piensa en distintas situaciones. Los resultados de este tipo de estudios demuestran que, por una parte, existe cierta capacidad de cambio en las facultades empáticas y todas aquellas capacidades relacionadas con la teoría de la mente (corrobora estudios anteriores). Y por otra, que estos cambios son relativamente estables, permanecen mucho más allá del momento del aprendizaje (al menos entre 3 a 4 años demostrado en el estudio). Esto sugiere a los investigadores que estas capacidades se ven reforzadas por los juegos de rol, típicas prácticas realizadas en estas clases de actuación, y en terapia psicológica por cierto.

Sin embargo, la realidad es que no todos somos capaces de actuar, al menos bien, pero casi todos disfrutamos viendo a otros actuar de manera realista. En un estudio de medios de comunicación muy importante en EEUU se observó que el estadounidense pasa cerca de tres horas al día viendo la televisión (pocas me parecen), y que gran parte de ese tiempo lo pasan disfrutando de actuaciones realistas.

Pacino¿Por qué nos gustará tanto? La experiencia de disfrutar con una actuación es muy diferente de lo que experimentamos al leer o incluso al escuchar historias. Esto se debe a que la actuación, cuando es realista, nos provee de experiencias que pueden llegar a ser perceptivamente indistinguibles de la observación de interacciones reales. Piensa en la producción y realización de una película, en las actuaciones que contienen, todo ello requiere de un alto nivel de especificidad. Cada detalle cuenta, desde las acciones concretas de los actores, como la forma de caminar del personaje proyectando inseguridad o recelo, así como los escenarios en los que se mueve (callejones oscuros y amenazantes) están completamente orientados a sumergir al espectador en la narrativa y la emocionalidad de la historia.

Un dato curioso respecto a la actuación realista, se sabe que en la medida en que las actividades placenteras que observamos en una actuación se asemejan con actividades que podrían resultarnos placenteras en el mundo real, nos involucramos más en esas actuaciones (¿tendrá algo que ver con las estadísticas sobre el consumo de pornografía?).

Tanto la ejecución como la percepción de la actuación realista conlleva algunos desafíos cognitivos y emocionales importantes. Por ejemplo, los actores deben transmitir emociones y acciones que no se corresponden con su realidad situacional. Tienen que “vivir verazmente” el papel (expresión anglosajona de “live truthfully”), vivir o experimentar lo más genuinamente posible situaciones imaginarias o circunstancias creadas. Esto es muy difícil, y existe un extenso debate entre la comunidad de actores y demás expertos sobre cuál es la mejor forma o cómo se puede interpretar mejor. Para dar una orientación, un protocolo o una forma concreta de acercarse a la interpretación se han desarrollado los métodos como el Stanislavsky o el Chéjov o de manera más genérica métodos de actuación de “fuera a dentro”, donde el actor imita o reproduce la conducta, la forma de actuar de su personaje para interiorizar el papel, o de “dentro a fuera” donde el actor recrea los estados internos del personaje en esas situaciones imaginarias para poder expresar sus acciones con realismo. Este tema es muy extenso pero como vemos la necesidad de conectar o mimetizarse con el personaje que se interpreta, con sus pensamientos, sus emociones y sentimientos o sus actos son fundamentales para recrear de manera realista la actuación.

Porque parte del placer que obtenemos con la mera observación de la actuación es apreciar y experimentar, como en otras formas de arte, una ejecución o desempeño exitoso y difícil. La capacidad que algunas personas tienen de transformarse totalmente en alguien que no son, física y emocionalmente, es una habilidad que nos hipnotiza y nos deslumbra.

También existe un reto para el espectador. En realidad no hay señales obvias para distinguir la actuación de la realidad en la conducta del actor realista más allá del set donde se encuentre (si lo hay), ya sea el marco del televisor o el proscenio, esa zona del escenario en un teatro más cercana al público que algunos actores llaman gloria. De hecho, ha habido muchos casos en los que los espectadores tienen problemas para distinguir al actor de su personaje. Uno muy sonado fue el del actor Robert Young que interpretó muchos años a un doctor afable y cercano en la serie Marcus Welby, Doctor en Medicina. Durante los años de emisión de la serie se recibieron cientos de peticiones de atención médica en Santa Mónica (California), la gente quería ser atendida por el Doctor Marcus. O el caso de actores que interpretaban a villanos en la ópera y reciben el calor de sus admiradores en forma de cartas amenazantes.

Quizás sea por esta dificultad de discernir realidad de actuación realista por lo que los mundos que creamos a los niños son más caricaturescos o exagerados, más fantasiosos (por ejemplo, Bob Esponja o Peppa Pig) menos realistas. Posiblemente a edades tempranas, si el universo que creamos para ellos (personajes, lugares, situaciones) no fuese algo descabellado, los niños podrían confundirse y no saber que es una actuación.

Es por eso también por lo que las fábulas protagonizadas por animales con características humanas, ayudan a los niños a entender el mensaje y no perderse en la forma. Que la narración sea un vehículo para contar algo importante.

En resumen, parece que hasta el momento la relación entre la actuación y la ciencia psicológica es buena, los actores se han sentido atraídos desde hace tiempo por los hallazgos de la psicología y la fisiología para ayudarse a iluminar y recrear mejor el retrato de sus personajes así como los psicólogos nos hemos interesado por el proceso psicológico, emocional y conductual de la actuación, así como las habilidades y técnicas que se adquieren en su práctica. Por otra, los eruditos en el mundo de los estudios de cine y teatro, llevan unos años integrando en su disciplina los hallazgos que la ciencia cognitiva ha ido desvelando, todos ganamos. Pero lo que no cabe duda es que sigue habiendo poca investigación que explore de manera directa y sistemática los fenómenos psicológicos y emocionales subyacentes a la actuación realista es hora de que la ciencia psicológica suba al escenario.

Sergio García Morilla. Psico·Salud.

Centro de Asistencia Psicológica.

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 Lectura recomendada:

  • Bloom, P. (2010) How Pleasure Works. W.W. Norton & Company
  • Diderot, D. (1770/1957) The Paradox of the Actor (Strasberg, L., Introduction; Irving, H., Preface).Hill and Wang
  • Gerbner, G. and Gross, L. (1976) The scary world of TV’s heavy viewer. Psychol. Today 9, 41–45
  • Goldstein, T., Bloom, P. (2011). The mind on stage: why cognitive scientists should study acting. Trends in Cognitive Sciences. (15) pág:141-142.
  • Meisner, S. and Longwell, D. (1987) On Acting, Vintage Books
  • McConachie, B.A. and Hart, F.E., eds (2006) Performance and Cognition: Theatre Studies and the Cognitive Turn, Routledge
  • Skolnick, D. and Bloom, P. (2006) The intuitive cosmology of fictional worlds. The Architecture of the Imagination: New Essays on Pretence, Possibility, and Fiction 73
  • Stanislavsky, K. (1936/1989) An Actor Prepares (Hapgood, E.R.,Trans.), Theatre Arts
  • Talwar, V. and Lee, K. (2008) Social and cognitive correlates of children’s lying behavior. Child Dev. 79, 866–881.
  • Zamir, T. (2010) Watching actors. Theatre J. 62, 227–243

Sergio García Morilla

Autor Sergio García Morilla

Psicólogo clínico en Tenerife, especializado en terapia cognitivo conductual y de tercera generación posee una amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamiento de trastornos psicológicos en adultos. Twitter: @sergiogarmor

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