el-mito-de-evitar-pensar-psicologia-tenerife¿Cuántas veces, ante un pensamiento que nos desagrada, recibimos la misma respuesta de los demás? “Ay, intenta no pensarlo y verás que te va mejor”. Muchas, ¿verdad?

De hecho, si pensamos que el malestar nos lo da el pensamiento, la lógica del saber popular nos diría que si dejamos de pensar, el malestar se irá también. Un enfoque así trataría al pensamiento como una herida: si la curamos y le ponemos una tirita, al rato dejará de doler y de molestar, y cicatrizará.

El problema es que muchas veces el “sentido común” choca frontalmente con lo que descubrimos gracias a la ciencia psicológica. Porque ya una investigación de Wegner (1994) subraya algo que va en contra del mito: cuando evitamos pensar algo, se provoca un efecto rebote. O concretando un poco mejor: el control mental se puede mantener siempre y cuando no haya un exceso de “carga” en el cerebro. Cuando llega la distracción, el cansancio, el estrés…el pensamiento que tratábamos de evitar vuelve con más fuerza.

Es decir, que si yo ahora mismo le pido al lector que por favor, no piense en un oso haciendo malabarismos, lo más probable es que acabe pensando en él. Si le digo que por favor no lo imagine jugando con las pelotitas de distintos colores, que por favor haga caso omiso a su olor tan fuerte y que ni se le ocurra percatarse de que es un oso blanco…

Hay una serie de problemas añadidos a evitar pensar las cosas que nos desagradan, que han sido descritos también a lo largo de muchas investigaciones:

  • Aunque consigamos suprimir el pensamiento, el estado de ánimo que tenemos durante el momento de la supresión acaba asociándose por condicionamiento clásico al pensamiento que no queremos recuperar. Esto significa que si cuando estamos tristes hacemos un esfuerzo por no pensar, a lo largo del tiempo, cada vez que estemos tristes, vendrá con mayor frecuencia el pensamiento que queremos evitar.
  • Ocurre lo mismo con la sensación de dolor: cuando se recupera, llega con mayor intensidad subjetiva, es más duradero y requiere más tiempo para recuperarse.
  • No sólo se produce un efecto rebote, sino que “evitar pensar” es un acto deliberado, y las personas tendemos a reevaluar nuestra conducta. Por ejemplo, de cuando en cuando, nos pondremos a recordar y evaluar si estamos evitando bien el pensamiento…y eso no hace más que recordárnoslo. “A ver, ¿qué estaba tratando de evitar?…”Sólo con esto ya parece claro que cuando tratamos de no pensar en algo estamos luchando una batalla perdida en la que es imposible tener éxito, ¿verdad? ¿Y si hubiera alguna forma de acertar, si se encontrase alguna técnica, serviría para algo?

Tampoco. Según Wilson (2001) cuando evitamos un evento privado (pensamiento, sentimiento, sensación…) lo que hacemos es reforzar su literalidad. Deja de ser un evento y se convierte en una realidad, con un efecto tangible. Ya no es “ahora estoy pensando que no valgo para nada” (que no tendría por qué afectarnos si lo tomamos como pensamiento) sino que se convierte en “no valgo para nada”, que nos produce una consecuencia tan real como tropezarnos y caernos al suelo.

Desde la psicología sabemos que la clave no está en “no pensar”, ni en huir de los pensamientos o sensaciones negativas. Por eso en Psico∙Salud trabajamos con un modelo de terapia basado no en la desaparición de lo que no nos gusta, sino en la aceptación de que esas cosas existen pero no tienen por qué marcar nuestra dirección en la vida.

Referencias:

– Ironic Processes of Mental Control, Wegner, D. (1994)
– Thought Suppresion, Wenzlaff, R. M., Wegner, D. M., & Klein, S. B. (1991)
– Relational Frame Theory. A post­skinnerian account of human language and cognition, Wilson, K.G. et al (2001)

Javier Alemán González. Psico·Salud

Centro de Asistencia Psicológica

Sígueme en Twitter

suscribete-psicosalud-psicologia-tenerife

Psico·Salud

Sobre Psico·Salud

Gabinete de psicología en Tenerife. Especializado en en Psicología de adultos, pareja, infantil y adolescente. ¡Nos apasiona lo que hacemos!

Haz un comentario