¿Cuándo llevar a mi hijo/a al psicólogo?

Ser padre o madre es una de las tareas más difíciles que existen. Tal vez porque a pesar de que tengamos formación para educar a nuestros hijos el amor incondicional nos ciega y nos dificulta actuar de la mejor manera. Es además una etapa en la que la acumulación de incertidumbre y dudas dificulta la toma de decisiones. Y nuestra tarea se complica aún más con el continuo bombardeo de consejos que se contradicen y nos confunden aún más.

Como padres solemos reconocer qué le pasa a nuestro hijo o por qué reacciona de una determinada manera. Pero a veces observamos comportamientos en ellos que no sabemos explicar (ej. está muy inquieto, tiene rabietas) y nos preguntamos si eso que hacen es normal o no. O esperamos que haga algo a su edad y no lo hace (ej. se relaciona poco con los compañeros de clase o aún no controla los esfínteres), y esto también nos alerta de que algo puede estar pasando. Pero también, puede ocurrir que lo que nos da la señal de aviso son conductas que no se manifiestan tan abiertamente pero que le están causando gran malestar (ej. bajo estado de ánimo, ansiedad, apatía).

¿Cuándo llevar a mi hijo al psicólogo?

La respuesta es clara: cuándo observemos alguno de estos comportamientos o tengamos dudas acerca de ellos lo recomendable es pedir ayuda profesional:

  1. Comportamientos depresivos: lo vemos triste la mayor parte del tiempo, reacciona muy frecuentemente de manera irritable, está apagado o cansado la mayor parte del tiempo, con falta de iniciativa para hacer cosas con las que antes disfrutaba. Se aísla o se muestra poco comunicativo con nosotros o le cuesta relacionarse con sus compañeros y prefiere jugar solo. Esta tendencia al retraimiento, nos lo puede indicar también el que nuestro hijo se muestre excesivamente tímido/a en presencia de adultos o de otros niños. También debemos observar si dedica tiempo excesivo a videojuegos o al ordenador, pues puede utilizarse como refugio.
  2. Miedo intenso: es frecuente y normal que los niños tengan miedos a lo largo de su desarrollo evolutivo. Pero a veces estos miedos son excesivos o desproporcionados y se presentan con elevada ansiedad y una preocupación excesiva que interfiere en la vida de nuestro hijo (ej. no quiere dormir solo o no quiere ir a jugar al parque). Este miedo intenso es una señal de alarma para buscar ayuda, como por ejemplo el miedo a los exámenes. 
  3. Quejas somáticas: La queja de dolores estomacales, dolores de cabeza u otros síntomas físicos de manera muy frecuente y sin causa médica aparente podrían ser el reflejo de que el niño está somatizando un malestar que le desborda y no sabe cómo hacerle frente.
  4. Alteraciones de conducta:  enfados, celos, rabietas, falta de respuestas emocionales apropiadas, desobediencia, conductas repetitivas y obsesivas, impulsividad, conductas agresivas o comportamiento regresivo (realizar conductas que corresponden a edades anteriores).
  5. Alteraciones del sueño: problemas para conciliar el sueño, pesadillas frecuentes o terrores nocturnos.
  6. Problemas de alimentación: no quiere comer, rechaza determinados alimentos, o por el contrario come en gran cantidad y sin medida alimentos no recomendables.
  7. Enuresis o encopresis: problemas para controlar los esfínteres a una edad que ya se espera que lo haga por grado de desarrollo.
  8. Problemas de rendimiento académico: notas bajas, problemas de concentración, problemas con las matemáticas, dislexia, despistes, falta de atención, olvidos, mal hábito de estudio, dificultades de aprendizaje, problemas de atención y lectura. En este contexto se suele detectar el Trastorno por Déficit de Atención con o sin hiperactividad (TDAH).
  9. Retrasos en el desarrollo: lentitud en el desarrollo del lenguaje, del habla u otras habilidades propias de la edad. Aunque cada niño tiene su propio ritmo en la adquisición de las áreas de desarrollo existen unas orientaciones en cuanto al margen de edad aproximada a la que lograrlos. Tema a parte merecen los denominados Trastornos del Espectro Autista, de los que ya hablamos aquí.

Debemos estar también atentos por si algunos de estos síntomas pueden estar escondiendo otros problemas como es el caso del bullying o ciberbullying.

 ¿Cuándo pedir ayuda?

Si tenemos dudas sobre si nuestro hijo presenta algún problema, te recomendamos que preguntes a un profesional experto en psicología infantil y adolescente, detectarlo y tratarlo a tiempo aliviará el malestar y evitará consecuencias que puedan afectar a su desarrollo.

Puedes contar con nosotros, nuestro objetivo es prestar un servicio integral, coherente y completo que garantice el bienestar del niño y su familia. Somos expertos en psicología infantil y adolescente en Tenerife.

Tais Pérez. Psicóloga de adultos, pareja, infantil y adolescente en Tenerife.

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